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Se habla mucho del adolescente en crisis y muy poco de lo que esa crisis mueve en sus padres. Y, sin embargo, criar a un hijo en esa edad no solo lo transforma a él: también te sacude a ti —a veces en lugares que creías dormidos—.
Espejos del pasado
La adolescencia de un hijo suele despertar la propia. Sin darnos cuenta, revivimos cómo fuimos tratados a esa edad, los miedos que pasamos, la relación con nuestros propios padres. A veces reaccionamos con dureza o con angustia no tanto por lo que hace el hijo, sino por lo que toca en nuestra historia. Reconocerlo no nos hace peores padres: nos hace más libres para responder.
Cuando la crianza tensiona a la pareja
Pocas cosas ponen a prueba a una pareja como no coincidir en cómo criar a un adolescente. Uno afloja, el otro aprieta; uno se preocupa, el otro minimiza. La crisis del hijo puede convertirse, sin que nadie lo busque, en la crisis de la pareja —y entonces el conflicto ya no es solo con él, sino entre ustedes—. Mirar eso, con honestidad, suele aliviar también al hijo.
El miedo a soltar
Detrás de muchos choques hay algo más tierno y más difícil: el miedo a soltar. El mundo parece peligroso, el hijo ya no cabe en los brazos como antes, y hay un duelo callado —el niño que fue ya no está—. Acompañar su crecimiento incluye hacer, también, nuestro propio duelo de esa etapa que se cierra.
Cuidarte también es cuidarlo
Un padre o una madre que puede pensar sus propias reacciones —su miedo, su rabia, su culpa— responde mejor que uno desbordado por ellas. Por eso la terapia no es solo para el hijo: muchas veces, el cambio más poderoso empieza cuando los adultos encuentran un lugar para mirarse a sí mismos. No es rápido ni hay fórmula —sería deshonesto prometerla—, pero cuidar tu propio proceso es una de las mejores cosas que puedes hacer por tu hijo.
Que la adolescencia de tu hijo te remueva no es una debilidad ni una falla: es la señal de que estás implicado, de que ahí hay amor en juego. Y cuando te permites mirar lo que en ti se mueve, no solo te cuidas a ti: le das a tu hijo algo invaluable —un adulto un poco más entero desde el cual sostenerlo—.
Un ensayo de Carlos Hernán Arango Botero, psicólogo. Si estas líneas te resonaron y en tu casa están atravesando un momento difícil con un hijo o una hija, puedes conocer el acompañamiento y dar el primer paso en una entrevista inicial.